Desvarío de necia
Publicado por José Carlos en Octubre 30, 2008
Hoy que la economía mundial esta a punto de entrar en recesión, que los ciudadanos de muchos países siguen buscando fórmulas para sobrevivir con dignidad, que los bancos en España empiezan a ejecutar garantías hipotecarias por deudas que no pueden saldarse, que los gobiernos de medio mundo inyectan liquidez en el sistema bancario de cada país, llegando a nacionalizar parte de la banca, (el otro medio no tiene forma de financiar esa catástrofe), que las bolsas caen en picado al son de las políticas neoliberales, que hicieron de la desregulación su credo, que se prepara una reunión de gran calado para “refundar el capitalismo”, que la situación económica en España no está para hacer bromas, Soraya Saenz de Santamaría, a la que la crisis se la trae al pairo, portavoz del PP en en Congreso, en una de sus ocurrencias dichas para mayor gloria propia, en busca del aplauso fácil de la bancada de su grupo, cuando no de la carcajada estúpida de sus compañeros, volvió a confundir el discurso y, sobre todo, el momento.
Como dice Manolo Saco, alguien debería explicar a Soraya Saenz de Santamaría la diferencia entre sarcasmo y necedad. Hay situaciones en las que algunas afirmaciones son de una necedad tan evidente que no merecen ser contestadas.
Seguramente cuando ayer le preguntaba a la Vicepresidenta del Gobierno si “le parece razonable que cada día 2.000 trabajadores se vayan a las listas del paro, 435 trabajadores autónomos se den de baja y 23 empresas se vayan a la suspensión de pagos”, trataba de hacer un sarcasmo pero, para cualquier persona con dos dedos de frente, con la que está cayendo, con las dificultades que están pasando esas personas a las que se refería Soraya, esa afirmación le debe parecer digna de un necio, irresponsable y carente de sentimientos.
Hay veces en que los políticos deberían callarse para evitar decir estupideces. Uno es siempre esclavo de sus palabras y sólo reina sobre sus silencios, hoy Soraya Saenz de Santamaría ha caído presa de su imprudente elocuencia, cayendo en la necedad. Un puñado de votos no son un motivo que justifique la estupidez a la hora de hacer oposición. La responsabilidad a la hora de ejercer ese papel es la que acaba otorgando credenciales para el ejercicio del poder, tras ganar unas elecciones.


