¿Se habla de problemas con la inmigración? Superrajoy aparece con una propuesta populista, con los mimbres justos para no ser tachada de estúpida, con tal de salir en los medios.
¿Qué hoy es el aniversario de la desaparición y más que probable asesinato de Marta del Castillo? Ahí está el Capitán Arenas (Javier, claro), para ponerse al frente de lo que dice que es una reclamación de “la calle”: la implantación de la cadena perpetua en España.
Se pueden poner cientos de ejemplos más de lo que son los principios del PP, parecidos a esa frase de Groucho Marx que decía “estos son mis principios. Si no le gustan tengo otros”, que a las líneas maestras de lo que debería ser un partido serio.
El problema de dejarse arrastrar por el populismo a la hora de hacer política, es que uno acaba dejando de ser un interlocutor serio para nadie. No es de fiar el que hoy dice una cosa y, a golpe de encuesta, cambia de opinión por pura pose. Promover medidas políticas populares que conllevarán un rápido incremento de la simpatía que la población pueda sentir hacia una opción política, en vez de mantener unos principios, por mucho que puedan ser impopulares, que otorguen credibilidad a la opción política defendida y, sobre todo, sean la más clara manifestación de que ese partido y sus líderes se orientan por unos principios ideológicos, acabará pasando factura a quien se deja arrastrar por el populismo.
La fragilidad en las argumentaciones de quien prefiere dejarse arrastrar por el problema puntual del momento, en vez de defender siempre el mismo discurso, es el gran hándicap que tiene la derecha española, pero a la vez es su gran virtud. No necesitan grandes discursos, no necesitan principios, sólo una idea base que les conecte con la sociedad y, además, otros personajes en el partido que defiendan lo contrario, de tal forma que siempre podrán defender una idea y la contraria, sin que nadie pueda reprocharles una falta de coherencia.
Poner velas a dios y al diablo es la especialidad de Rajoy: un día soy el más duro contra la inmigración pero, si veo que mi discurso no cala, doy marcha atrás y dejo que sean los que se encuentran en la segunda fila del partido los que defiendan dicha dureza, mientras Rajoy atempera su discurso y lo hace más digerible, por si le lleva a perder votos moderados. Pero ahí está la trampa: con el doble discurso pesca votos por la extrema derecha y trata de pescarlos entre los sectores más moderados, al fin y al cabo acaba moldeando su discurso al auditorio.
En el caso de Marta del Castillo y Javier Arenas vuelven a incurrir en los mismos vicios con tal de pescar algún voto procendente del dolor y de la víscera, afirmando que es “la calle” la que desea que se debata sobre la cadena perpetua, mintiendo sobre la realidad: es él y es su partido quienes están alimentado un debate falso. En la calle no existe como tal, y menos aun en Sevilla. De todas formas debería explicar que la cadena perpetua en España sería como en países de nuestro entorno, en donde los condenados a tal pena, acaban cumpliendo menos condena que en España, y dejarse de discursos fáciles y mentirosos, llenos de lugares comunes, falsedades y rumores sin sentido.
De verdad que acaba dando miedo un partido capaz de hipotecar sus principios ideológicos por votos, puesto que hoy pueden ser los inmigrantes o la cadena perpetua, pero en el poder nada les impedirá que sean los derechos fundamentales los que puedan ser objeto de recorte, de la misma forma que casi doscientos asesinados no fueron obstáculo para sus mentiras.